Recientemente tuve la dicha de asistir el Congreso Internacional “Consecratio et consecratio per evangelica consilia”, el cual fue celebrado en Roma, del 3 al 6 de mayo y organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Asistieron al Congreso aproximadamente 600 personas, miembros de institutos religiosos, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, asociaciones eclesiales, y vírgenes consagradas provenientes de todo el mundo. Fue realmente deslumbrante ver la creatividad del Espíritu Santo, quien suscita tantas maneras originales de seguir a Cristo más de cerca.
En el grupo del Ordo Virginum, participaron aproximadamente 24 vírgenes consagradas: Italia (5), USA (7), Dinamarca (2), Bélgica (1), Nigeria (1), Polonia (1), Hungría (2), Brasil (2), Alemania (1), Suiza (1), Cuba (1 – yo).
Las conclusiones del grupo:
La originalidad del Ordo Virginum es su carisma virginal-esponsal. Las vírgenes representan a la Iglesia desposada con Cristo y hacen brillar la integridad de su fe. Por medio del rito consagratorio, la virgen se convierte en persona sagrada, signo trascendente y portadora del amor de la Iglesia a Cristo, imagen escatológica de la Esposa celestial y de la vida futura. Dan testimonio ante el mundo que las Bodas del Cordero ya se han inaugurado en la era presente. Y además, recuerdan al mundo la alianza nupcial que Dios quiere establecer con cada alma. Como esposas de Cristo, toda la misión de la Iglesia es propiamente su misión y el ámbito en donde experimentan la maternidad espiritual.
Otra clave del Ordo Virginum es su diocesaniedad, es decir, su inserción en la iglesia particular. Varias de las participantes en el Convegno hicieron hincapié en el lazo entre la virgen consagrada, su obispo como superior eclesial, y la comunidad diocesana. Se notó que los tres consejos evangélicos: pobreza, castidad, y obediencia, se asumen implícitamente por la donación total de la persona a través del santo propositum. Por último, se notó la necesidad de fortalecer el vínculo diocesano, como de proveer recursos para la formación vocacional.