Panorama de Vida Consagrada

cita: Christina Hip-Flores, “Panorama de Vida Consagrada en la Iglesia Católica: Respuestas a la Llamada de Dios,” Iglesia en Marcha, Arquidiócesis de Santiago de Cuba (julio, 2018).

Del 3 al 6 de mayo, 2018 tuve la enorme dicha de asistir una convocatoria internacional en el Vaticano tratando sobre el tema de la vida consagrada en la Iglesia Católica contemporánea. Asistieron aproximadamente 600 personas, miembros de institutos religiosos, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, asociaciones eclesiales, y vírgenes consagradas provenientes de todo el mundo. Fue realmente deslumbrante ver la creatividad del Espíritu Santo, quien suscita tantas maneras originales de seguir a Cristo más de cerca.

Definición de la Vida Consagrada

La vida consagrada es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo a Cristo más de cerca bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo. Buscan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncian la gloria celestial.

Para alcanzar estos exaltados fines, los miembros de vida consagrada abrazan los consejos evangélicos de pobreza, castidad, y obediencia en imitación de Cristo pobre, casto, y obediente a la voluntad del Padre. Junto con el estado de vida matrimonial, la vida consagrada es un camino para trazar la llamada universal a la santidad que recibimos todos los cristianos por la consagración bautismal.

Existen en la Iglesia Católica Latina la siguientes formas de vida consagrada.

Vírgenes consagradas

Las vírgenes consagradas son aquellas mujeres que, formulando el santo propósito de guardar la castidad perfecta y seguir a Cristo más de cerca, son consagradas a Dios por el Obispo diocesano según un rito litúrgico antiquísimo, originalmente redactado por el Papa León Magno (400-461 AD). Las vírgenes representan a la Iglesia desposada con Cristo y hacen brillar la integridad de su fe. Por esto, desde principios de la Iglesia recibieron el título de Sponsa Christi (Esposa de Cristo). Por medio del rito consagratorio, la virgen se convierte en persona sagrada, signo trascendente y portadora del amor de la Iglesia a Cristo, imagen escatológica de la Esposa celestial y de la vida futura. Dan testimonio ante el mundo que las Bodas del Cordero ya se han inaugurado en la era presente. Y además, recuerdan al mundo la alianza nupcial que Dios quiere establecer con cada alma. Como esposas de Cristo, toda la misión de la Iglesia es propiamente su misión y el ámbito en donde experimentan la maternidad espiritual.

En su vida cotidiana, las vírgenes consagradas se dedican al servicio de la Iglesia, especialmente en la vida diocesana y parroquial. De hecho, la diócesis es su comunidad primaria, ya que no viven en un convento; cada una vive en su casa y administra sus asuntos temporales. Pueden trabajar en oficios seculares. Deben obediencia al Obispo diocesano, quien es el moderador de todo el apostolado en la iglesia particular. Reciben el velo y el anillo nupcial para significar su desposorio con Cristo. Hoy en día, hay aproximadamente 6000 vírgenes consagradas en el mundo entero.

Ermitaños

Un ermitaño es una persona (hombre o mujer) que profesa públicamente los tres consejos evangélicos de pobreza, castidad, y obediencia mediante voto u otro vínculo sagrado en manos del Obispo diocesano. El ermitaño toma su inspiración de los 40 años que el pueblo de Israel erraba por el desierto y los 40 días que Jesús ayunó y combatió el demonio. Así mismo, los ermitaños cultivan una espiritualidad de combate espiritual y conversión continua. Buscan un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua, y la penitencia. En este ambiente de silencio y soledad dedican su vida a la alabanza de Dios y a la salvación del mundo. Típicamente un ermitaño vive solo en una ermita con gran austeridad. Pasa sus días dedicado a la oración, la lectura espiritual, y el trabajo manual. Se mantiene económicamente con el trabajo de sus manos, por ejemplo, agricultura o manualidades. Debe obediencia al Obispo diocesano según la regla de vida aprobada por este.

Vida Religiosa

Un religioso es una persona (hombre o mujer) que apartándose del mundo, emite los tres consejos evangélicos, pobreza, castidad, y obediencia por medio de votos. Vive la vida fraterna comunitaria junto con otros religiosos en monasterios o conventos. Se somete a la voluntad y debe obediencia a un superior, miembro de la comunidad. De este modo el religioso consuma la plena donación de sí mismo como sacrificio ofrecido a Dios, por el que toda su existencia se hace culto continuo a Dios en la caridad. El testimonio público que dan los religiosos a Cristo y a la Iglesia lleva consigo un apartamiento del mundo y de las cosas mundanas.

La vida religiosa existe en dos vertientes: vida religiosa monástica y vida religiosa activa. Los monjes/monjas que viven la vida monástica buscan un mayor apartamiento del mundo salvaguardado por los muros del monasterio. A veces toman un cuarto voto de estabilidad – es decir, de no moverse del monasterio, ni salir de él a menos que sea por una causa muy grave como necesidad médica o peligro físico. Dedican sus días a la contemplación y al trabajo manual. (En esto se parecen a los ermitaños, pero viven comunitariamente.) Algunos ejemplos de institutos religiosos monásticos incluyen los Carmelitas, los Benedictinos, y los Trapenses.

La segunda vertiente de vida religiosa es la vida activa. En este caso el religioso/a no tiene la misma obligación de aislamiento dentro del monasterio. Vive en un convento (menos reglamentado que el monasterio). Goza de vida activa para ejercer el apostolado. Sin embargo, el religioso activo mantiene su apartamiento del mundo y de las cosas mundanas mediante su regla de vida, su habito distintivo, y sus votos. Algunos ejemplos de institutos religiosos de vida activa incluyen los Jesuitas y las Hermanas Misioneras Claretianas.

Institutos Seculares

Los miembros de institutos seculares son aquellos fieles que, viviendo inmersos en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad mediante los consejos evangélicos de pobreza, obediencia, y castidad. Sus constituciones han de establecer los vínculos sagrados con los que se abrazan los consejos evangélicos, conservando sin embargo la secularidad en su modo de vivir. Distintamente a los religiosos, los miembros de institutos seculares no buscan apartarse del mundo. No llevan hábito ni signos distintivos que los identifiquen. Al contrario, buscan procurar la santificación del mundo desde dentro de él, desapercibidamente, como fermento en la masa. Siempre trabajan en oficios seculares. Su profesión y su secularidad se convierten en instrumento de evangelización. Normalmente no viven juntos, sino que cada miembro vive en su casa. Sin embargo, viven una especie de vida comunitaria expresada por una regla de vida que todos asumen. Deben obediencia a un superior, miembro del instituto. Algunos ejemplos conocidos de institutos seculares son las Oblatas Diocesanas y Voluntas Dei.

Sociedades de Vida Apostólica

Las Sociedades de Vida Apostólica se asemejan a institutos de vida consagrada. Sus miembros –sin votos religiosos – se asocian en torno al fin apostólico propio de su sociedad. Aspiran a la perfección de la caridad por la observancia de sus constituciones. Llevando vida fraterna en común, según el propio modo de vida (sacerdotal o celibato laical), se organizan para mejor efectuar su apostolado específico. Es decir, la vida comunitaria no es un fin en sí mismo (como en el caso de los religiosos), sino una ayuda para el apostolado. Entre las Sociedades de Vida Apostólica existen algunas cuyos miembros abrazan los consejos evangélicos de pobreza, obediencia, y castidad mediante un vínculo determinado por las constituciones. Un ejemplo conocido de Sociedad de Vida Apostólica es La Congregación de la Misión (también conocida como los Padres Paules).

Viudas Consagradas

La Iglesia Católica oriental reconoce también las viudas consagradas, mujeres quienes habiendo sido esposas de un solo marido hacen voto de castidad viudal y celibato por el resto de sus vidas. De esta manera, las viudas consagradas dan testimonio ante mundo de la fidelidad perfecta. Se convierten en íconos de la Iglesia después de la Ascensión, privada de la visión de su Esposo celestial, con el que, sin embargo, permanece firmemente unida, caminando hacia Él en la fe. Las viudas son modelos de la esperanza y signo escatológico de la Iglesia esperando el retorno del Señor, Esposo de la Iglesia, en gloria. Las viudas consagradas viven en sus propias casas, insertadas en la comunidad parroquial, bajo el cuidado pastoral del Obispo diocesano.

Conclusión

A la conclusión de la convocatoria internacional en el Vaticano, el Prefecto de la Congregación para Vida Consagrada, Su Eminencia Joao Cardenal Braz de Aviz recordó que en la Iglesia también existen nuevas asociaciones y familias eclesiales que aún no han sido reconocidas como formas de vida consagrada. Entre estas se encuentran, por ejemplo, los movimientos Schoenstatt, Comunión y Liberación, y los Focolares, entre muchos otros. Sin embargo, es evidente que el Espíritu Santo suscita en cada época nuevas respuestas a los signos de los tiempos. Miembro de estos movimientos experimentan que han recibido un carisma particular para el bien de toda la Iglesia. Por esto los pastores buscan acompañar y asistir estos nuevos movimientos eclesiales para que contribuyan a la vitalidad y santidad del Cuerpo de Cristo.

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